Crónica de un argentino en el Maratón de Barcelona “Lo que me llevó hasta la meta de mi maratón número 27 fueron las ganas de seguir sintiéndome libre”

Crónica de un argentino en el Maratón de Barcelona “Lo que me llevó hasta la meta de mi maratón número 27 fueron las ganas de seguir sintiéndome libre”

Todo sucedió en menos de una semana. Decidí anotarme para correr el Maratón de Barcelona y lo corrí. Así como venía, para variar, desentrenado, agotado y lleno de molestias e incógnitas. No es la primera vez que me pueden las ganas y el impulso por sobre lo racional; y, a decir verdad, lo celebro. Y no digo que esté bien, ni hago alarde, porque realmente entiendo que es una locura y hay que aclararlo. Ésto es muy personal, me cuesta imaginar algo tan personal como lo que uno experimenta en la relación consigo mismo al correr maratón. Lo hice yo, por mí, porque me hace bien y asumo el riesgo. El riesgo que implicaría perderme una oportunidad única para estar presente, para encontrarme y expresarme corriendo.

Son innumerables las cosas que me hubiese perdido en la Vida de haber sido cauto, racional, frío, cuidadoso, lógico, calculador. Me hubiera perdido grandes lecciones y aprendizajes, bellos amores, viajes, experiencias laborales, relacionarme con personas increíbles y sobre todo, conocerme mejor.

Ojo, no hubiese preferido llegar así, suelo entrenar, amo entrenar. Nunca fui disciplinado, ni metódico, pero dentro de mi caos logro dedicarme períodos intensos de muy buena forma y resultados dignos.

Desde octubre el trabajo me ha consumido mucho tiempo y dedicación, el que no le dedico al entrenamiento desde hace meses para no quitárselo a mi familia. Como hacemos todos en mayor o menor medida. Algunas salidas relajantes esporádicas en los últimos meses, sobre todo en la montaña, para conectar.

A finales de noviembre corrí el maratón de a Valencia, el último que más o menos pude entrenar, aunque llegué tocado y sin saber si iba a poder largar (el martes previo estuve internado), pero salió genial.

Luego vendría Sevilla, a finales de febrero, había tiempo, era otro año, foja cero. Cuando me anoté estaba ilusionado porque además de querer conocer la ciudad y viajar con mi familia irían a correrla también unos amigos desde Argentina, pero no pudieron. Tampoco pude llegar yo como había planeado, lejísimos de poder correr. Ya llegué en cero, con un tobillo esguinzado en la montaña y la espalda a maltraer, pero más o menos tenía fe de completarla. Pude, tardé más de lo esperado y costó, pero la completé.

Al día siguiente de correr Sevilla empecé una gira de lanzamiento que duró 3 semanas viajando por toda España. La última vez que corrí fue en La Coruña al día siguiente del maratón, el 20 de febrero. Qué placer, hora diez recorriendo la ciudad, como si nada, alegre y motivadísimo.

En el último mes salió todo inmejorable a nivel profesional, pero personal y deportivamente significó no entrenar, dormir poco, forzar el cuerpo, estar fuera de casa, tomar y comer mucho y muy desordenado; algo antiatlético.
Pero igual me anoté, casi no dudé. Quería correr en casa, de local, intentarlo sin tener que esperar otro año. Como si lo hubiera, nunca se sabe, no?

El viernes después de los compromisos diarios me fui para la expo. Fue llegar a Plaça Espanya y encontrarme con la zona de largada/llegada llena de gente, en preparación y con el “42” pintado en el asfalto y empezar a disfrutar.

Una vez dentro de la feria, recogí mi dorsal y paseé un rato por los stands. Me quedé un buen rato en el del ayuntamiento de Barcelona, alusivo este año al 25º aniversario de los memorables JJOO Barcelona’92. Me detuve en una de las imágenes y de pronto, algunos de los personajes inmortalizados en las fotos y en la historia del atletismo aparecieron, comenzaron a señalar las fotos, hacer comentarios, contar anécdotas y de pronto me habían sumado en la conversación. Uno de ellos era Josep María Antentas, quien fuera el Director del Maratón en los JJOO (hoy vicepresidente de la Federación Catalana de Atletismo) y un gran corredor que sabiéndome argentino me recordó figuras como Amaison, Orue y, mientras hacía memoria le sumé al grupo a Silio, a quien tenían como uno de los mejores.

Me contaron que en el ‘77 representaron a Catalunya como país (“tanto lío que se arma ahora”, me decía riendo) en el maratón de Nueva York. Salieron 3ros. por equipos. El mejor español fue Fernando Francisco, otro crack que estaba allí sumado en la charla. Fue 43ro. en la general del que era un prestigioso y casi único maratón en la época.

A raíz de eso, me contaron la historia del mentor del maratón de Barcelona, Ramón Oliu, un catalán de nacimiento que pasó gran parte de su vida en EEUU por su carrera profesional. Parece que allí fue una eminencia en el campo de la ingeniería química y el petróleo. Dicen que llevaba una vida sedentaria y unos años antes de cumplir los cincuenta le cayó la ficha y decidió hacer algo de ejercicio, empezando a correr por los alrededores de su casa, en Princeton.

Casi como nos iniciamos todos, aunque más veterano, de a poco se atrevió con distancias más largas y se convirtió en un “runner”, una moda que crecía por aquella época en EEUU. En 1976 debutó en la maratón de Nueva York y quedó conmovido por su ambiente, con miles de personas corriendo por placer en medio de sus calles.

En 1977 volvió a Barcelona por motivos laborales y como ya le era habitual, salió a correr por la calle, pero la gente lo miraba raro. Preguntó si había alguna maratón y le dijeron que sólo se disputaban carreras de 42,195 km. cuando había un campeonato oficial y exclusivo para federados.

Entonces decidió que la organizaría él. Contactó con gente con sus mismas inquietudes y en 1977 fundó la Comissió Marathon Catalunya. Aquel año enviaron a una delegación de corredores (entre los que se encontraban mis nuevos amigos) a la maratón de Nueva York.

Al año siguiente nació en Palafrugell, en la Costa Brava, la Maratón de Catalunya, en la que participaron 185 atletas y fue la primera maratón popular que se celebró en España. Según me contaban, el maratón de NYC inspiró muchos otros, no sólo aquí sino el de París y el de Londres, por ejemplo.

En 1980 logró que la prueba se celebrara por primera vez en la ciudad de Barcelona. Ese año, España contaría además con 2 maratones más, el de Madrid y el de San Sebastián, lo que llevó la disciplina a otro nivel, desarrollando además la integración y evolución de las mujeres al mundo maratoniano. En 1984 volvió a los Estados Unidos, donde había establecido sus raíces, dejando un legado valioso para el atletismo popular español.

Parece que la primera mujer española en completar un maratón fue una atleta vasca, Lourdes Gabarain, con 4h51’32 en 1977 en Burdeos, Francia, ya que acá el único maratón era el campeonato estatal anual para atletas federados, donde no participaban las mujeres.

Todo cambiaría a partir de 1978. De hecho, en España las mujeres no corrían pruebas de larga distancia parece, ni siquiera los 5.000 metros. Cabe destacar que casi 40 años después la carrera, atrae a más de 20.000 participantes, la mitad extranjeros y un 20% mujeres, siendo la más importante de España y la cuarta de Europa en número de finishers.

Vaya historia y personajes. Lo cierto es que este año se conmemora el 25 aniversario de BCN’92. Yo celebraba justo el domingo 25 meses viviendo el sueño en Barcelona, junto a mi familia.

Superarse no es sólo cuestión de tiempos, un amigo que algo sabe de esto de maratonear me dijo que «las marcas van y vienen», o algo así. Tenía razón. No es sano obsesionarse con hacer siempre la mejor marca personal, no es posible y no lo es todo, ni mucho menos.

En algún momento me di cuenta que esta crónica la comencé a escribir mucho antes de correr mi primer maratón, hace sólo 11 años. Cada maratón, es una suma de experiencias vividas concentradas en un Aquí y Ahora, una presencia total y conexión con todo. Algo que comenzó hace, por lo menos, 36 años.

En la previa, me sorprendí de la tranquilidad que llevaba. Iba en el metro escuchando música, observando detenidamente los rituales, los gestos ansiosos, las caras de miedo y los grupos de corredores de todo el mundo que se le iban a animar al maratón. Sólo estaba nervioso por llegar a tiempo para la largada, para poder dejar mis cosas y pararme ahí entre la multitud a esperar el 00:00:00. Pocas veces se menciona ésto, pero quizá lo más difícil es pararse en la línea de salida, animarse; todo se resume a llegar a ese día, al momento de la verdad.

Tenía claro que el invicto no sería para siempre, tuve que reconocer que cada vez hago más para que se acabe la suerte, la buena racha. Cuando uno para unos días o por una lesión se dice “no te preocupes, los músculos tienen memoria”, es verdad. Cuando no entrenás por mucho tiempo ya no aplica. Te acortás, perdés lo que costó meses construir.

Pero se omite un secreto que descubrí, el corazón también tiene memoria. La clave es recordar, en el sentido etimológico de la palabra, que significa “volver a pasar por el corazón” (del latín “recordari”). No sé si sabían, pero durante mucho tiempo se creyó que el corazón, entre otras cosas, era el centro de la memoria. En la antigüedad no se situaba a la mente en la cabeza, ni en el cerebro, sino dentro del pecho. Siguiendo en la línea maratoniana, los griegos (que algo saben de maratón) iban más allá; ni siquiera situaban a la mente en el pecho, sino en el diafragma, ese músculo situado entre el tórax y el abdomen que sirve para llevar el ritmo respiratorio. Vamos, eso que usamos para correr! Les suena? Todo tiene que ver con todo.

Entonces recordé. Recordé todo lo vivido hasta ese instante. Recordé que estaba vivo, que amo lo que hago, que correr me hace bien y que era algo que iba más allá de los músculos y articulaciones, la zancada y la técnica. Estoy convencido de que hacer las cosas con alegría, entrega, pasión es un plus que no se puede medir, ni se entrena en las pistas y menos con reloj. Se siembra, nutre y cultiva en la vida.

De pronto estaba allí en la largada, con la piel erizada cuando me pusieron (porque uno siente que es para uno) la canción de Barcelona’92 con el gran dúo de Freddy Mercury y Montserrat Caballet, muy emocionante. Por si me ponía muy sensible, enseguida pusieron el tema de Rocky y levantamos vuelo.

Algo muy gracioso fue que en la expo pedí una de esas pulseritas con ritmos de paso por km 5, 10, 15, etc. y claro, no tenía ni idea a cuanto iba a (poder) correr. Le dije al flaco “eeeh, poné 5:11!” y vi que me daba cerca de las 3h40’, que no pensaba hacer. Sólo me gustaba el número 11. Resulta que largué con la pulserita de ritmos pero corrí sin reloj!!! Un genio (incomprendido).

La largada es genial, la cantidad de corredores, la energía en el aire, la multitud alentando en las calles, avenidas super anchas y los sitios por los que te lleva la carrera, como el dar una vuelta al predio del Camp Nou aún con el sabor a gloria días después de la gesta histórica en la Champions (6-1 sobre el final vs. PSG). Avenida Diagonal, Gran Vía, Paseo de Gracia, no imagino mejor circuito en esta ciudad tan espectacular. Para quienes no conocen Barcelona o aún no corrieron el maratón, tienen que venir, imagínense pasando debajo de la majestuosa Sagrada Familia. Yo tengo la fortuna de pasar todos los días y no dejo de sorprenderme.

Allá por el 31km, se realiza un retome en la zona del Forum, bien alejado de la meta, y se inicia un trayecto de poco más de 3km frente a la costa del Mediterráneo, maridado con un sol espectacular con sello barcelonés.
Luego rodeamos el Parc de la Ciutadella, pasando en el km36 por debajo del Arc de Triomf, que fuera la entrada de la exposición universal de 1888. Pasando el 37 bordeamos la Plaça de Catalunya y volvemos cuesta abajo hacia el mar por la Via Laietana cruzando, ya en la costa, el monumento a Colon en la intersección con La Rambla para girar luego en el Museu Marítim y llegar al km40 en Av. del Paral-lel.
Quedaban sólo 2km y vaya sorpresa, aparecen entre la multitud Irene y Julián para darme una inyección anímica increíble.

Llegaba la curva final y la entrada triunfal con un panorama inmejorable, una fiesta. El reloj marcaría 3h51’56. El mío no, se quedó descansando después de Valencia y ni siquiera viajó a Sevilla. Fueron casi 6 minutos menos que hacía sólo 21 días en la capital andaluza. Mejor de lo esperado, porque cuando no se espera nada todo es mejor y te sorprende.

El viernes, bajo presión, en una cena opípara como de costumbre, comprometí a mi amigo Juan Pablo a que me haga la gamba algunos kilómetros. Aceptó sólo después de saber que el maratón pasaba a dos cuadras de su casa en el km19. Así que sabía que si llegaba hasta ese punto luego sería más fácil todo. Y así fue, me acompañó durante 23km, un fenómeno.

Realmente disfruté mucho. En todo momento mantuve la sonrisa y una actitud relajada sabiendo que iba a llegar, ya lo había visualizado. La ciudad, el correr en casa y la gente sumaron mucho. Ir acompañado durante la segunda mitad también, claro; pero creo que lo que me llevó hasta la meta de mi maratón número 27 fueron las ganas de seguir sintiéndome libre, de celebrar la Vida y vivir con pasión cada detalle y agradecer cada regalo que recibo a diario.

Después de un almuerzo con cervecita y de contarle parte de la gesta a mi familia, nos fuimos a pasar toda la tarde a la playa, tomando mate y jugando carreras en la orilla del Mediterráneo con mi querido Julián.

 

Y la Vida sigue, y sigo escribiendo mi crónica.

GRACIAS!

Luis Borja López

Barcelona

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