El récord perpetuo de Jose Luis González (ESP) en milla

El récord perpetuo de Jose Luis González (ESP) en milla

Un día como hoy: 27 de julio de 1985, en la ciudad de Oslo, José Luis González batía su propio récord español de milla, con un registro de 3:47.79. Fue en el marco de la mítica “Milla de los Sueños” de los Bislett Games de Oslo, una carrera que ganó Steve Cram con récord del mundo, nada más ni nada menos y como yapa: González aventajó a Sebastian Coe.

Dicho récord se encuentra aún hoy vigente y en su momento fue la 4ta mejor marca del mundo y solamente fue superada por otros trece registros a nivel mundial.

En su página de facebook José Luis Gonzalez relató la carrera, qué mejor que dejar que el protagonista nos lleve en la máquina del tiempo y volemos junto a él durante 1609mt:

Para quienes estábamos entonces allí, público y atletas, el 27 de julio de 1985 en el Bislett Stadium de Oslo, la noche resultaría inolvidable. También para la historia del atletismo. Eran las 23:26, un tardío horario impuesto por la cadena de televisión ABC, media tarde en la costa Este estadounidense. Se disputaba la Dream Mile: La Milla de Ensueño. Una dorada tradición en julio en la capital noruega. En algunas de sus ediciones recientes habían hecho récord mundial Sebastian Coe en 1979 y Steve Ovett en 1980.
La milla (1.609 metros y 36 centímetros), inmensamente valorada en el mundo anglosajón, es una carrera especial por muchas características. La primera porque la salida se encuentra en los cuadros de la parrilla, cerca de la línea de meta, donde se deciden la victoria y la gloria. El estadio era, como siempre, un hervidero de público entendido. Una multitud cifrada en 33.000 personas. En los países nórdicos los espectadores del atletismo no son aficionados, sino fanáticos. Oslo no era una excepción aquella noche. Los asistentes producían, vuelta tras vuelta, un ruido ensordecedor que a los atletas nos daba alas.
La salida fue muy apretada, y yo estuve a punto de irme al suelo. El suizo Pierre Délèze no tuvo tanta suerte. Cayó y no acabó la prueba. A salvo de ese percance inicial, todos los demás buscábamos coger una buena posición. Las “liebres” eran el estadounidense Jim Myes y el australiano Mike Hillard. El resto de competidores, una pléyade de estrellas: los británicos Sebastian Coe y Steve Cram, el estadounidense Steve Scott, el neozelandés John Walker, el somalí Abdi Bile, el sudanés Omar Khalifa… Coe solía decantarse por distancias inferiores. Sorprendentemente, como en 1979, eligió ser de la partida.
Las primeras 440 yardas (402 metros) se pasaron en 56.1. Tras las “liebres” se deslizaba, elegante, Cram. Luego Coe, Scott y yo. La carrera iba lanzada para récord mundial. En Oslo no se concibe otro objetivo. Semejante propósito implica un ritmo frenético, trepidante que fue aclarando, estirándola, la carrera. En su ecuador, me ardían los pulmones, y las piernas me decían que íbamos muy rápido. ¿Demasiado?
La penúltima vuelta, la tercera, ya con la carrera muy aclarada, se hizo a un ritmo algo menos vertiginoso, a la espera de la cuarta, la última, donde había que darlo todo, sin reserva ninguna. Sonó la campana y Cram tomó decididamente la cabeza. Era un ataque con vocación de definitivo. Detrás, Coe trató de coger su estela. Yo adelanté a Scott. Me vi con fuerzas y me pegué a Coe.
Volábamos hacia los últimos 200 metros. Ya en ellos, Cram pareció acelerar con su amplia y poderosa zancada. Coe vio, impotente, cómo se alejaba, y yo le ataqué y superé. Perseguí a Cram. Pero alcanzarlo era una quimera. Confiaba en mi velocidad en la recta final. Pero con la salvaje cadencia que habíamos llevado, mis piernas ya no daban para más. Cram pasó los 1.500 en 3:32.29. Aún le quedaban 109 metros, los que, en su brutal exigencia última, diferencian a un buen millero de un superclase.
Cram, que hizo los últimos 400 en 53 segundos, terminó en 3:46.32 batiendo el récord del mundo que Coe, el tercero de su vida en la milla, había logrado en Bruselas cuatro años antes (3:47.33). Yo realicé 3:47.79. Coe, 3:49.22. Scott, 3:49.93, etc. Mi marca era récord de España. Superaba el que yo mismo había establecido, también en Oslo, en 1981, con 3:49.67. Quedé entonces, asimismo, segundo tras Ovett, con 3:49.25. Cram fue sexto.
Mi nuevo primado constituía la cuarta mejor marca mundial de todos los tiempos. Todavía hoy, 35 años después, sólo la han superado 13 hombres. Y permanece como plusmarca española.

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