#EnPrimeraPersona “El Maratón Martín Fiz desde adentro por el argentino Luis Borja”

#EnPrimeraPersona “El Maratón Martín Fiz desde adentro por el argentino Luis Borja”

Vitoria-Gasteiz, además de ser la capital vasca, es una de las ciudades europeas con mayor superficie de espacios verdes y ajardinados por persona, unos 42m2 por habitante. 42, vaya número simbólico y maratoniano.

La riqueza natural de la ciudad ha sido premiada con la obtención del galardón “European Green Capital”, que en 2012 reconoció como la ciudad de la Unión Europea más comprometida con el medio ambiente.

Vitoria es también la tierra natal del gran Martin Fiz, uno de los atletas españoles, europeos, mundiales y olímpicos más importantes de la historia del maratón.

Yo soy un maratonista más del montón, pero un apasionado por el deporte y un enamorado de los 42.195 metros. El correr y sobre todo el Maratón transformó mi vida. Pasaron ya 12 años desde que un día decidí dejar de fumar y empezar a correr para dejar el vicio atrás. Si bien siempre hice varios deportes, fue una batalla que me llevaría varios años. Por entonces tenía 23 y me costaba correr media hora a un ritmo decente sin agitarme en demasía.

Todo empezó con una carrera (10k de Miguel en Buenos Aires), un foro (elkilometro.com) y la pasión fluyó y evolucionó naturalmente. Correr se convertiría en mi deporte y actividad principal. Pasaron los años y tuve la fortuna no sólo de seguir corriendo sino de darme el lujo y el placer de motivar y contagiar el correr a personas de mis entornos laborales, amigos y familiares. Varios de ellos debutaron en maratón, incluso mi mujer, con nuestro hijo Julián de semanas en su vientre.

El año pasado me lo pasé de trail por los Pirineos, lugar que elegí como el jardín de casa, sumando horas bajo el sol, el granizo, trepando, cruzando ríos, y sumando desniveles como nunca antes. Suponía empezar este año de forma similar, pero la temporada aún no empezaba y tenía ganas de correr.

Hace unos meses el destino quiso que descubra una pista cerca de casa de esas con mística porque la hicieron y mantienen los mismos corredores, veteranos con pasión que siguen entrenando casi todas las mañanas con casi 70 años. Emociona de verdad verlos juntos desde hace más de 40 años.

Le volví a tomar el gusto a girar contra el tiempo en un entorno privilegiado, a los pies de la montaña y a orillas del Mediterráneo.

Iban pasando los entrenos allí y un día decidí volver a correr un maratón en calle después de 1 año, desde ese día glorioso en el maratón de París donde me encontré con una marca personal de 3h13’ sacada de la galera. Gran recuerdo con mi amigo Javier Frega corriendo juntos hasta el km30 en la culminación gloriosa de su proyecto 50/50 (años/maratones).

Me anoté en la Maratona di Roma y con ese objetivo en la cabeza entrené enfocado durante unas 8 semanas.

Finalmente corrí el 10 de abril en la Ciudad Eterna. Pude tener revancha de aquella desafortunada ocasión en 2013 donde me quedé “duro” en la cama, mi espalda dijo basta! y me perdí la carrera. Esta vez pude disfrutar de estar ahí, de estar vivo, sano y corriendo.

Llegué en 3h19’, muy feliz por el esfuerzo realizado y reencontrándome con el llano y los ritmos más ligeros después de un par de años de montaña y mucho desnivel acumulado.

Esa misma semana busqué en el calendario y decidí correr pronto, me había quedado con ganas de más y, si podía mantenerme sin lesiones y con ritmo, intentaría salir a buscar otra vez la marca.

El Maratón Martin Fiz era ideal: baja probabilidad de calor para la fecha, organización recomendada, aún había cupos y me quedaba más o menos “cerca” de casa. A 34 días de Roma, sonaba muy bien. Sería mi 9no. maratón en suelo europeo y el 18vo. de ruta.

Asimilé muy bien el post maratón de Roma, entonces pude enseguida entrenar bien y fuerte, con poco fondo por el poco tiempo, pero con calidad, buen ritmo y excelentes sensaciones.

Pero la última semana fue imposible. Se sucedieron compromisos laborales sucesivos que incluían mente y físico dedicado a trabajar largas horas. Para colmo, me quedaba el viaje a Vitoria, 7 horas en bus, llegando el sábado 6AM. Interminables horas sin poder dormir, muy incómodo.

Pero ni bien llegado a Vitoria empezó lo bueno. Me bajé del bus y empecé a recorrer la ciudad con la maleta, relajado, una mañana con una garúa bien suave que permitía caminar sin mojarse por una ciudad totalmente verde, preciosa y sin gente andando.

VG

Paraba cada diez pasos a sacar alguna foto, todo me parecía bello, estaba entrando en clima maratoniano, conectándome con la ciudad y sus calles, las que al día siguiente serían parte del trazado de los 42,195km.

Caminé unos 3km, hasta llegar frente al local RunningFiz. Participé de un test de zapatillas y ahí lo conocí a Martin, hasta nos sacamos una foto y hablamos de un amigo en común, el querido Gustavo Montes, que me invitó a escribir esta humilde crónica.

Luego nos fuimos a trotar por la ciudad unos 20’ junto a Martin y su gente, una mañana muy especial, casi no sentía el cansancio de una semana demoledora.

Sobre el post, mientras elongábamos, picábamos y tomábamos algo de lo que nos habían preparado y realizaban unos sorteos, llegó mi hermano Esteban, que venía en auto desde su casa en Madrid, para acompañarme en un fin de semana largo de hermanos. Hacía 5 años que no lo hacíamos, en aquella ocasión, la excusa fue que me acompañara al Maratón de Praga, para la misma época en mayo. Nos la debíamos.

El sábado se me hizo largo, llegando al alojamiento me empecé a sentir muy débil, hasta tuve temperatura, totalmente pasado de cansancio. Por vez primera tuve la sensación de que quizá arriesgaría mucho al correr. Sabía que quizá algún día había que tomar la decisión fría de abandonar un maratón si hacía falta para cuidar el físico. Un buen baño, una buena cena de pasta y buena compañía mejorarían los síntomas.

Esta fue la decimocuarta edición del Maratón Martin Fiz, que sigue creciendo. El año pasado había hecho mucho calor durante la carrera según leí. Me preocupé porque la paso mal con el calor y la presión que me tira.

 

Domingo 6AM arriba, un desayuno liviano y camino a la largada.

Hacían 9°C y el cielo estaba muy cerrado desde el día anterior. 30 minutos antes de largar la carrera, empezó a lloviznar, primero muy suave y, ya sobre la salida, mojando con mayor intensidad. Largamos puntual a las 9AM según lo previsto.

Estaba motivado, había mucho ambiente no sólo por el Maratón, sino por las pruebas integrativas de 21K y 10K que sumaban unos 5000 corredores. Ideal para ir en familia o grupo ya que hay para todos los gustos.

No recuerdo bien cuándo fue la última vez que corrí maratón con lluvia. Lo pensaba como algo positivo a priori, siempre prefiero el frío al calor, pero la combinación de lluvia constante, viento y fresco no fue muy conveniente, o al menos a mí me hizo mal.

Me empezó a doler la zona abdominal, tipo espasmo, comencé a sufrir molestias que se convirtieron en algo insoportable hasta el final, incluso ya de civil hasta media tarde.

El cansancio acumulado, el escaso descanso en horizontal y horas de sueño faltantes (menos de 5hs promedio las últimas 3 noches), sumado al maratón hacía un mes en Roma y las condiciones climáticas hicieron que después del km30 se me hiciera muy difícil mantener el ritmo que traía, entorno a los 4’30/km. En total tomé 4 geles, aproximadamente en los km 10, 20, 28 y 35. Tomé agua y bebida isotónica que daban en los puestos, también daban geles en varios puestos para quien quisiera alguno extra o no tuviese, además de sólidos como frutas, galletas saladas, frutos secos, etc. Muy completo.

Así y todo, no pude sostener el paso y a partir del km30 decidí dejar de mirar el reloj, porque la batalla ya no sería contra el tiempo, ni las marcas, sino contra la tentación de abandonar (que nunca está en los planes, aunque algún día pasará), de dejar de pasarla mal y al fin descansar. Pero siempre prevalece el recordar los entrenos, el esfuerzo realizado en días hostiles, bajo condiciones adversas.

Esta vez no tendría el aliento, abrazos y besos de mi mujer y mi hijo en el km35 como en Roma, tuve que sacar fuerzas de otro lado.

Soy consciente que corrí por sobre mis posibilidades actuales, era técnicamente imposible salir a buscar marca y promediar un ritmo muy por debajo de mi mejor tiempo, pero decidí intentarlo igual, no quería especular. El año pasado salió una buena marca por animarse; además no me sentí mal hasta pasada la primera mitad de la carrera, lógico.

Me sorprendió muy gratamente que a pesar del clima muchísimas personas alentaran desde el otro lado de las vallas o cintas, desde las entradas de las casas o edificios, desde los balcones, desde los vehículos, en cada puesto, cada voluntario también, mojándose por nosotros. Me sacaban una sonrisa y un “Gracias!” o aplausos en alguna curva. Algunos gritaban “Aúpa Koldo!”, algo así como “Vamos Luis!” me enteraría luego.

Ni hablar la entrada a meta, no sé cuántos metros serán, quizá los 195mts finales o más, pero uno entra en una pasarela vallada llena de gente a ambos lados gritando, aplaudiendo, alentando para el sprint final. Impresionante cómo empuja.

Divisé el reloj sobre el arco, iba abandonando las tres horas veinte, un esfuerzo final y crucé el arco sobre las 3h21’.

Una mezcla extraña de alegría y alivio por el sacrificio realizado. Me noté muy flojo en esos primeros minutos hasta que tomé algo y me senté para recuperar el ánimo y color.

llegada

Las primeras sensaciones fueron de inconformidad con el tiempo, por encima de lo previsto, pero con el pasar de las horas y los días fui cayendo en la cuenta de que, en el contexto en que se dio todo, es una marca digna y la experiencia siempre suma. Además estoy agradecidísimo a la Vida de poder seguir corriendo.

Vitoria es un lugar para volver muchas veces y el Maratón Martin Fiz de esos bien organizados, con gran afición en las calles y en un entorno especial que te conecta con las raíces, con la esencia de este deporte que tanto amamos.

Como era de suponer, ya estoy buscando ciudad y fecha para mis próximos 42K, bodas de plata maratonianas. Quizá sea en la montaña, costeando el mar o en plena ciudad, pero espero que sea pronto.

medalla

“Fe es dar el primer paso, incluso cuando no veas la escalera completa” Martin Luther King

 

Por @luisborjalopez

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