Haile Gebrselassie: “Si tuviera 20 años, bajaría de dos horas en el maratón”

Haile Gebrselassie: “Si tuviera 20 años, bajaría de dos horas en el maratón”

Ex plusmarquista de maratón, Haile Gebrselassie, durante la entrevista en uno de sus hoteles de lujo en Etiopía. FRANCISCO LÓPEZ-SEIVANE

 

Sus diez hermanos le llamaban ‘Nefteña’ (Indomable) cuando a los cuatro años iba corriendo descalzo a la escuela, distante diez kilómetros de su casa de Asella, en pleno Valle del Rift, y volvía por la tarde del mismo modo. Ese espíritu de sacrificio, de constancia, de intensidad, sigue plenamente vigente a sus 42 años, cuando, tras dejar atrás la competición deportiva que tanta gloria le dio, anda metido en la vorágine de los negocios.

El mítico Haile Gebrselassie es hoy propietario de una cadena hotelera en plena expansión, tiene importantes inversiones en minería, agricultura e importación y exportación; es concesionario exclusivo de los automóviles Hyundai para toda Etiopía, un mercado de casi cien millones de consumidores potenciales, y está preparando su salto a la escena internacional desde su cuartel general, un edificio de diez plantas en Bole, la principal avenida de Adis Abeba, desde donde dirige a sus 1.500 empleados.

Su casa es un palacio que domina la ciudad. No hace falta añadir que es querido, respetado y admirado en su país. En plena flor de la vida ya ha logrado la gloria y el dinero. Sólo le queda el poder político. ¿No estará metido en una carrera de fondo hacia la Presidencia de Etiopía?

 

El Obama etíope

La pregunta le pilla con la guardia baja. Se desconcierta un instante y se le escapa una amplia sonrisa de complicidad más elocuente que una declaración jurada: “¡Quién sabe! Todo es posible…”, responde mirándome con picardía. La verdad es que son muchos en Etiopía los que le consideran el Obama etíope. Incluso su grito de guerra deportivo, “¡Yichala!” (“Se puede”), que sigue siendo su lema en los negocios, recuerda extraordinariamente al “Yes, we can” ‘obamita’.

La entrevista tiene lugar en los jardines del Haile Resort, a casi 300 kilómetros de Adis Abeba. Es su mejor propiedad, un hotel de lujo de 112 habitaciones y 14 villas, inaugurado en 2010 y situado en una finca de 55.000 metros cuadrados que bordea las aguas del lago Awasa, en pleno Rift. Cuenta con cancha de tenis, paddle, minigolf, piscina, embarcadero, spa y todo cuanto puede ofrecer un moderno hotel de recreo.

Hacer los aproximadamente 100 metros que separan el edifico central de la orilla del lago nos ha costado más de 15 minutos. Todo el mundo le saluda y quiere hacerse fotos con él. Haile complace a todos y posa con su magnífica sonrisa, pero no más de unos instantes. Su cuerpo diminuto se desplaza con la elegancia y ligereza de una gacela. Por fin, sentados en cómodas sillas de mimbre frente al inmenso lago Awasa, me confiesa que recibir el Premio Príncipe de Asturias de manos del propio Príncipe Felipe supuso el mayor honor que jamás pudo soñar. Le aclaro que Felipe ahora es rey, y sonríe azorado.

Su mejor año, deportivamente hablando, fue 2005. Con 32 años cumplidos ganó todas las carreras en las que compitió. Es evidente que tenía ganas de desquitarse tras haber quedado quinto en el maratón olímpico de Atenas (2004), que corrió con una seria lesión en el talón de Aquiles. Pero tampoco fue malo 2008, en el que batió el record histórico absoluto del maratón, dejándolo en la estratosférica cifra de 2h03’59’’, que rebajaba su propia marca anterior en 27 segundos.

 

Bajar de dos horas

Le pregunto si, con la experiencia adquirida a lo largo de su carrera y suponiendo que volviera a tener 20 años, podría bajar de las dos horas. “Absolutamente”, me repite tres veces como un relámpago y con total convicción. De hecho, está involucrado en un proyecto científico, ‘subtwohours’ o 1h59’59’’, dirigido por el profesor Yannis Pitsiladis, de la Universidad de Birmingham, que trata de conseguir que, antes de diez años, un ser humano corra los 42 kilómetros del maratón en menos de dos horas. “Nada de drogas, ¡eh! El proyecto se centra exclusivamente en la aplicación de un método científico para mejorar la dieta, el entrenamiento y la preparación psicológica”.

¿Qué come un atleta tan excepcional? “Sobre todo, muchos carbohidratos. En época de competición, la dieta es más severa. No hay que comer nada más que lo necesario. Lo superfluo roba mucha energía. Todo lo que se ingiere hay que digerirlo, asimilarlo y expulsarlo. El proceso es muy costoso en términos de energía, por lo que un atleta debe comer únicamente aquello que necesita. No puede permitirse ni un gramo de más, ya que lo llevará como una mochila cuando corra”.

Fuera de la competición, me confiesa que le encanta tomar un vaso de vino. O dos, puntualiza. Y lo hace repetidamente y con gran énfasis, dándome a entender que le encanta el buen vino y ahora que se ha retirado definitivamente de la competición ya puede gratificarse. ¿O no es definitiva su retirada? “Ya sé que me he ‘retirado’ muchas veces, pero el pasado mes de mayo corrí mi última carrera internacional en Manchester, un escenario fantástico, quizá el mejor en el que he corrido nunca, y en noviembre me retiré en Etiopía. Ahora sigo compitiendo de otra manera, en los negocios”.

Ya no lucha en la pista pero aplica sus valores al mundo de la empresa. “Siempre quiero mejorar y ofrecer el mejor servicio a mis clientes. El dinero es secundario. Lo importante para mí es que mis clientes tengan un alto grado de satisfacción y ahí vuelco mis energías. De hecho, estoy considerando dar el salto al escenario internacional y abrir algún hotel en Europa, quizá en España o Francia…”. ¿Ha dejado de correr? “¡No, qué va! Sigo corriendo todos los días sin excepción, 20, 30 ó 60 minutos, aunque tenga que levantarme a las cinco de la mañana”.

Haile muestra en todo momento lo que podríamos llamar una gran preocupación social. Cuando habla de sus negocios, pone siempre el énfasis en el servicio; cuando le menciono la política y su posible carrera presidencial, no deja de repetir que le encantaría tener poder político para hacer muchas cosas por la gente. Abiertamente, le cuestiono si se considera una persona con más inquietudes sociales que espirituales. “Creo que soy una persona espiritual, pero eso entra en mi ámbito privado y no acostumbro a hablar de ello. En términos prácticos, digamos que lo espiritual es para mi lo psicológico, el desarrollo de las cualidades mentales que pueden hacerme un atleta y un hombre mejor”.

 

Fortaleza mental

¿En qué piensa un fondista de élite en plena carrera? “¡En tantas cosas! Un maratón son dos horas y se pasa por muchos estados mentales. Hay momentos en los que la mente se retira de la carrera y el cuerpo va solo a velocidad de crucero, como un avión con piloto automático, pero de pronto te pasa un atleta y se disparan las alarmas. Hay que repensar la estrategia, calcular las fuerzas y tomar decisiones clave. Ahí se gana o se pierde una competición”.

¿Qué pasó por su mente cuando su discípulo Bekele le venció por primera vez en aquella memorable final del Mundial de 2003? “Nada. Somos deportistas y esas cosas pueden pasar” (aquí no suena tan sincero y convincente).

Con su experiencia y talento, ¿no ha sentido nunca la tentación de crear escuela para formar a las jóvenes promesas? “Si, estoy preparando uno de mis hoteles, el Yaya Village Resort de Adis Abeba, para que sea, en parte, una academia de formación y también un campo de experimentación, donde puedan venir atletas de todo el mundo a prepararse para la alta competición. Es un proyecto que ya está en marcha”.

Gebrselassie ha sido conocido siempre por su gran fortaleza mental, una cualidad indispensable en todo campeón. A instancias del responsable de ZEN, Juan Fornieles, gran aficionado a la larga distancia, que acaba de correr un maratón en Corea del Sur, insisto en su preparación mental. ¿Es más importante la cabeza que las piernas? “Al cincuenta por ciento. Para ganar una batalla hace falta un soldado y un general. El general es la mente, la inteligencia, la planificación, la estrategia y la determinación. El soldado es la parte física, las piernas. Si uno de los dos falla, no hay manera de vencer”. Ahí queda eso, Juan.

 

Fuente: elmundo.es

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