Mo Farah – “Historias de Atletas que harán historia en #RÍO2106”

MO FARAH – “La larga travesía”

 

 Junio de 2016

Cuando Mo Farah obtuvo el triunfo en los 10.000 metros en Londres 2012, podría haber sido el apogeo de una gran historia de éxitos. Con sólo tres vueltas por dar, el corredor de fondo ejecutó su propio sprint final y ganó la medalla de oro para Gran Bretaña antes de abrazar a su hija, Rhianna y su esposa embarazada, Tania.

Sin embargo, lo que parecía ser la firma del estilo de Farah, aun había mucho más por venir. Una semana después, el corredor regresó al estadio para competir en 5.000 metros. Al ubicarse en el taco de salida, Tania estaba preparándose para dar a luz a gemelos. En la mente de Farah, una medalla de oro no sería suficiente; dos bebés significaban que dos medallas eran necesarias.  La carrera comenzó y Farah se empezó a distanciar de sus oponentes cada vez que se le acercaban, lo que aun se considera una demostración de desempeño táctico. Con otro gran sprint final, Farah se aseguró el primer puesto.

Con la cara transformada en una expresión de alegría y sorpresa, Farah abrió los brazos, abrazando tanto la victoria como el enorme clamor de apoyo de su público, que estaba agitando la bandera del Reino Unido (Union Jack) y bailando el típico baile “mobot” de Farah. “El apoyo que tuve fue enorme”, recuerda. “Ese momento fue lo mejor que me pasó en la vida. Cambió mi vida por completo; ganar significó mucho para mí. Y que hubiera 75.000 personas gritando tu nombre y alentándote, no podría haber algo mejor”.

Farah comprende el poder de lo que viene en dos: pares, binarios y dualidades. Farah es gemelo, nació solo unos minutos después que su hermano, Hassan, en 1983 en Mogadishu, Somalia. Cuando los niños tenían 8 años, su familia estaba lista para mudarse a Londres donde su padre estaba viviendo y trabajando, pero Hassan se enfermó y no pudieron viajar. La familia se vio forzada a dejar atrás a Hassan y cuando regresaron a buscarlo meses después, se enteraron de que había sido evacuado con sus parientes a una ubicación desconocida en medio de la guerra civil de Somalia. Los Farah volvieron a Londres sin Hassan.

Esta separación influyó mucho en la crianza de Farah en su extraño hogar. Con un vínculo casi telepático con su gemelo, el atleta recuerda que podía a veces sentir el estado emocional o físico de su hermano. Farah tuvo que conciliar esta aguda conciencia de extrañar a su compañero con la adaptación de su vida en un nuevo país, sin ningún tipo de comprensión sobre la lengua inglesa. Su primo le enseñó algunas frases -“Disculpe”, “¿Dónde está el baño?” y “¡Vamos entonces!”- pero las interacciones diarias eran igual problemáticas y en ciertas ocasiones terminaban en peleas en el patio del colegio o dejándolo asustado, aislado y frustrado.

Encontró consuelo en el fútbol y se unió a un club local, aunque dice que “nunca tuvo aptitudes” y prefería solo correr con la pelota. De hecho, fue esto lo que llamó la atención del profesor de educación física de Farah, que notó su estilo para correr sin esfuerzo. Mientras que Farah luchaba por encontrar aceptación entre sus compañeros y su lugar en la comunidad, el profesor le ofreció el tipo de propósito y apoyo que Farah había estado buscando, lo que motivó al joven atleta a unirse a un club de corredores local a los 11 años para asegurarse de que estuviera bien fomentado.

“No creo que hubiera logrado lo que alcancé sin el apoyo que tuve de joven, pero llega un punto en donde uno tiene que hacer lo correcto”, dice Farah. “En running no hay nadie que te reemplace; tengas un mal día, un buen día, no hay dónde esconderse y a veces se hace bastante difícil. Tu equipo puede hacer todo lo que quiera por vos, pero es uno el que tiene que correr en la pista y hacerlo bien. Tu entrenador está para guiarte, pero no te va a sostener la mano”.

En el año 1997, Farah ganó su primera carrera importante: un Campeonato de campo traviesa entre colegios ingleses, seguido por otros títulos, que finalmente lo llevaron al Campeonato Europeo Junior de Atletismo en 5000 metros en el 2001, donde ganó la medalla de oro. Fue durante este período fructífero que Farah fue a Florida a un campamento de entrenamiento y comenzó a entender el potencial de su deporte: cada éxito podía ayudarlo a ir más allá de los confines de su ciudad de residencia; cada victoria podía ser un paso más cerca a Hassan.

Para mantenerse mientras entrenaba con gente de primer nivel y competía en un nivel senior, Farah trabajó en restaurantes de comida rápida y como vendedor en un local de deportes. Finalmente, en el 2003, ahorró dinero suficiente para volver a Somalia y encontrar a su hermano. Esta reunión, según Farah, “fue el mejor sentimiento de mi vida”. A pesar de que los gemelos tuvieron vidas bastantes distintas, el reconocimiento de los hermanos fue inmediato; al escuchar a Hassan por primera vez luego de una década, Farah sintió que se escuchaba a sí mismo.

Reencontrarse con su hermano le devolvió la pieza faltante al espíritu de Farah. Regresó a Londres y al poco tiempo su carrera comenzó a ponerse más seria. En el 2005, el período que él llama su “año de progreso”, Farah se mudó a una casa con corredores de fondo elite de Kenia, quienes cambiaron profundamente su perspectiva. “Nunca trabajé duro cuando era joven”, dice Farah. “Cuando vi a los kenianos, realmente me hicieron abrir los ojos, porque era como ‘si estos son los corredores con los que voy a competir, entonces tengo que entrenar más duro’. Desde el 2005, senté cabeza y comí-dormí-entrené. Eso es todo lo que hice desde entonces”.

A medida que la intensidad del entrenamiento de Farah incrementó, también lo hizo su progreso. En el 2006, obtuvo el oro en el Campeonato Europeo a Campo Traviesa y mejoró su récord de 13:30.53 a 13:09.40. Pero justo cuando empezó a experimentar un éxito excepcional, Farah tuvo un momento amargo en la competencia elite: una decepción devastadora. En el 2008, luego de calificar para los 5000 metros en Beijing, no logró llegar a la final.

Más determinado, Farah vio esta derrota como un signo: el talento natural y el trabajo duro lo llevaron lejos pero necesitaba diversificarse y re-enfocarse. “Nadie sabe realmente quién termina quinto, pero pueden decirte quién será el primero”, explica. Entonces Farah comenzó a entrenar mejor, en lugar de más duro, a través de un enfoque decidido y variado que combinaba menos millas con un plan orientado, escalonado hacia las competencias.

Esta estrategia, que también incluyó la introducción de un entrenamiento en altura, permanece en la vida de Farah. “Solía pensar que correr era solo correr, pero cuando alcanzas un nivel mayor se trata de controlar los pesos, tu centro, correr en distintas velocidades”, dice. “Mi ejercicio favorito es el trabajo de velocidad. Me encanta poder correr a toda velocidad”.

En el 2011, Farah ya estaba listo para su siguiente gran paso, en realidad, dos de ellos: un nuevo entrenador y un nuevo hogar. “Sabía que Alberto [Salazar] era un gran entrenador y quería que me entrenara pero una de las condiciones era que tenía que mudar a mi familia a Portland, [Oregón]”, explica Farah. “Así que hice eso y creo que es el mejor paso que pude hacer en mi vida. Es importante confiar en tu entrenador, y tanto yo como Galen [Rupp], el compañero de entrenamiento de Farah, confiamos plenamente en Alberto. Con un récord en maratón, Alberto no hubiese logrado lo que logró sino fuera por todo el trabajo duro que hizo. No es un entrenador común, es alguien que ha estado en esta situación y lo hizo”.

Farah no es solo uno de los corredores de fondo más exitosos de todos los tiempo, también es el más disciplinado. En promedio corre 125 millas todas las semanas, salvo cuando tiene alguna lesión o se cuida para alguna carrera, Farah estima que ha corrido la distancia entre su continente de nacimiento  y su hogar de residencia al menos dos veces en el transcurso de su carrera.

“Para mí, el volumen es clave”, dice Farah. “Todas las semanas salgo adelante, todos los meses salgo adelante, es como una coraza. Correr es la parte más fácil para mí. Lleva meses y meses de preparación, encerrándote en un campamento de entrenamiento, no poder ver a tu familia, tus hijos. A veces duele, pero me desquito en la pista. Pienso en la carrera pero todo sucede en el entrenamiento”.

El doble beneficio de tener un entrenador de apoyo y altamente calificado y un entrenamiento diverso y dedicado que incorpora crioterapia para reducir el tiempo de recuperación han mostrado el desarrollo de Farah de la capacidad de equilibrar los desempeños no tan buenos con la determinación y enfoque que garantizan los desempeños extraordinarios. Una lesión en el 2014, el récord de dos millas en el 2015, un quinto título en el Campeonato Mundial como también un inesperado tercer lugar en el Mundial de Media Maratón a principios de este año han fortalecido el compromiso del corredor. “Soy la persona que, de alguna manera, tiene el objetivo en sus hombros. Es bastante difícil evitar eso, debido a lo que he logrado en el circuito. El oponente sabe todo de vos. Te estudia. Así, de alguna manera, es cada vez más difícil”. Aun así, Farah está decidido en sumar a su legado un récord mundial tanto en 5000 como en 10000 metros y representar a su país en su estándar más elevado, para probar una vez más que el corredor de fondo más grande del mundo está aquí para quedarse.

“Hay un punto en la carrera donde uno deja de disfrutar y uno no quiere seguir y ahí es donde uno tiene que colgar los botines. Todavía no me sucedió. Más que nunca quiero salir y hacerlo por mis hijos, mi familia, por mí. Quiero ganar, quiero hacer historia, quiero continuar y quiero un día ser capaz de impresionar a mis hijos y que puedan decir ‘Mirá, mi papá era un gran corredor’”.

Fuente: Nike Argentina.

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