Shelly Ann Fraser Pryce– “Historias de Atletas que harán historia en #RÍO2106”

Shelly-Ann Fraser-Pryce: ” Tocando a la Puerta”

 

Una décima de segundo no es tiempo suficiente para parpadear. Es la cantidad de tiempo que separa un movimiento claramente definido de algún tipo de ilusión óptica que crea la apariencia de una acción desdibujándose en el infinito, como si se girara una piedra atada a una soga sobre la cabeza. En una décima de segundo, aun se puede seguir el movimiento individual de la piedra mientras gira. Si se aumenta la velocidad de giro a  menos de una décima de segundo por rotación, la piedra se convierte en un círculo de puro movimiento. Una décima de segundo es donde el velocista vive. Separa a los que poseen récords de los meros campeones.

Una décima de segundo es en todo lo que piensa Shelly-Ann Fraser-Pryce. Llamada “Cohete de bolsillo” en su Jamaica natal debido a su pequeño tamaño –mide 1,52m, pequeña en comparación a su competencia- es la campeona mundial de los 100 metros en mujeres. Pero no es sólo la velocidad lo que hace que se esfuerce más; es el tiempo. Y para modificar el tiempo, se necesita refinar la técnica.

“Si observas a la mayoría de las atletas que están compitiendo, todas tenemos velocidad”, explica Fraser-Pryce de 29 años. “Cuando cuatro, cinco, seis u ocho de nosotras estamos muy cerca una de otra en una carrera, la decisión estará en quién definirá en cuanto a técnica”. Al prestar atención a los movimientos mínimos del cuerpo en el momento de arranque, tales como la posición de la cabeza al principio en la primera etapa del sprint (la etapa de impulso), ella comienza a reducir una décima de segundo de su tiempo.

En Beijing, en el 2008, Fraser-Pryce corrió 100 metros en 10.78 segundos. A los 21 años se convirtió en la mujer más rápida del mundo y en la primera mujer jamaiquina en la historia en ganar la medalla de oro en ese evento. Un año antes, nadie lo hubiera imaginado.

Fraser-Pryce, hija de madre soltera, nació el 27 de diciembre de 1986 en Waterhouse, un barrio de Kingston, Jamaica, conocido por su club de fútbol y por crear más leyendas del reggae que cualquier otra parte de la ciudad. La única hija de una familia de cuatro muy unida, Fraser-Pryce creció bajo el ojo atento de su joven madre, Maxine. Debido a que había problemas de pandillas y hombres pendencieros, Maxine hacía que Fraser-Pryce volviera directo a su casa de la escuela y si alguien le gritaba algo durante el camino, Maxine los reprendía. Pero la influencia positiva de Maxine no estaba limitada en la disciplina diaria; cuando era joven, Maxine también corría, hasta que quedó embarazada de Omar. Fraser-Pryce dice que su madre es la razón principal por la que corre.

Bajo el estricto cuidado de su entrenador, Stephen Francis, Fraser-Pryce ha perfeccionado su técnica para convertirse varias veces en una medallista de oro (también es la primera mujer en la historia en ganar tres campeonatos mundiales de 100 metros). “No fue natural para mi correr de la manera que lo hago. Aprendí mis técnicas”, explica. Fraser-Pryce recuerda que, cuando empezó a competir, “casi estaba  corriendo en [su] cara”. Francis tuvo que intervenir. “Mi entrenador tuvo que hacer que pudiera levantar mis rodillas. Recuerdo una tarde que estaba entrenando y no estaba haciendo bien la técnica”, continua. “Me mandó a la recta final para hacer 100 elevaciones de rodillas. Estuve haciéndolo todo el tiempo hasta que lo hice bien”.

En el 2008, habiendo ajustado su salida, su primera zancada, la colocación de los brazos, todas las etapas del sprint, Fraser-Pryce, contra todo pronóstico, superó a la jamaiquina favorita actual en los 100 metros en las competencias nacionales. Luego de la medalla de oro en Beijing, Fraser-Pryce obtuvo el primer lugar en el Campeonato Mundial de Atletismo del 2009. Ganó la medalla de oro en Londres en el 2012, y después también fue ganadora en dos campeonatos mundiales más en el 2013 y en el 2015. Un nuevo triunfo este verano la convertiría en la primera atleta en ganar cuatro veces seguidas en los 100 metros.

A pesar de sus increíbles logros, Fraser-Pryce aún no ha podido correr 100 metros en menos de 10.7 segundos. Los 10.6 –un límite que solo fue superado una vez en la historia de la carrera femenina- la esquivan. “Pero sé que está ahí”, dice. “Y cada año me siento como si fuera a destruir todo. Estoy esperando y esperando. Es casi como estar tocando la puerta. Creo que en el 2016, Dios quiera, será el año para eso, porque ya estoy atrasada”.

Sus hitos personales la preocupan más; su mirada permanece hacia adentro. En el 2008, no supo que era la primera mujer jamaiquina en ganar el oro en los 100 metros porque no le había prestado mucha atención a la historia del atletismo. Está completamente enfocada en su cuerpo y su rendimiento. Correr a velocidad, expresa, es una especie de increíble atención a los detalles, cosas a las que el resto de nosotros no les prestamos atención — es acerca de décimas de segundo como una forma de vida. “Mi enfoque es muy distinto”, admite. “Una siente todas las etapas. Por cómo es el cuerpo, una puede sentirlo, como un sexto sentido. Así que me focalizo en superar cada etapa correctamente, y si puedo hacerlo, entonces sé que eso es historia”.

Cuando hace historia, su alegría es inconfundible. Su enfoque casi clínico del entrenamiento y sus pensamientos sobre la técnica no te preparan para ver a Fraser-Pryce caer al piso luego de ganar, colapsando como si su pequeña estructura no fuera suficiente para soportar la energía de su sonrisa. En una entrevista post-carrera de 100 metros en el campeonato de 2009 en Berlín se vio a Fraser –Pryce prácticamente dando gritos de felicidad mientras trataba, en vano, de describir con palabras sus emociones por haber ganado. Fue una expresión contagiosa de obtener satisfacción en un deporte que está listo para despertar a los fans este verano, especialmente en un país que ha reclamado el oro en los 100 metros tanto para hombres como para mujeres en los últimos dos juegos y una vez más intenta dominar el podio.

Fraser-Pryce sabe que, al tener tantos logros en su mente,  esto le pone un blanco en la espalda, que en su opinión, es una consecuencia positiva. “Es el combustible para un atleta”, dice. “Uno dice: ‘Está bien. El mundo está llegando’ Y si el mundo está llegando, ¿qué hago? Me preparo. Y después, cuando llega el momento, vas a la guerra. Y cuando la guerra termina, te sentirás victoriosa”. Y con suerte, el reloj marcará 10.6 segundos.

Aprendé a entrenar como Fraser-Pryce y descubrí más acerca de la travesía de nuestros atletas –y cómo pueden inspirarte en la tuya en nike.com/athletes.

Fuente: Nike Arg.

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